Ser adolescente a finales de los 90 significaba escuchar mucho nü metal y rock industrial. Korn, Marilyn Manson, Nine Inch Nails, Rage Against the Machine, entre muchos otros, mandaban la parada. Sin embargo, una que otra agrupación sabía abrirse su camino en medio de géneros más extremos. Uno de esos grupos fue Smash Mouth, quienes, a la cabeza de Steve Harwell, encontró el camino a los oídos y ojos de los jóvenes de la época.
Sus dos primeros álbumes, Fush Yu Mang y Astro Lounge, rotaron con fuerza en emisoras y MTV, por aquel entonces dos vehículos de vital importancia a la hora de llegar a las masas. Con canciones como Walkin' on the Sun, Why Can't we be Friends?, All Star, Then the Morning Comes, y Can't Get Enough of you Baby, y otras canciones con ese muy versátil estilo que mezclaba el rock, pop, ska e incluso algo de psicodelia. Quizás el momento más exitoso del grupo llegó con el cover del clásico de los Monkees "I'm a Believer", el cual tuvo su momento en el sol en la banda sonora de Shrek.
"El tipo de Smash Mouth baila súper chévere", dijo un compañero mío en el colegio a finales de los 90. Éramos adolescentes rockeros, sin duda, pero reconocimos una buena melodía cuando Smash Mouth nos la presentó. Paz en la tumba de Steve Harwell, y gracias por hacernos querer bailar.
La adolescencia es la época en la que la gran mayoría de personas encuentran un gran aliado en la música. Hay artistas que uno escoge, mientras que otros lo escogen a uno. En mi caso, muchos me escogieron debido a influencia familiar (mi tío me presentó a Guns N' Roses) o al enorme rol que las emisoras y MTV jugaban a mediado de los 90. Llegar del colegio era sinónimo de sentarse frente al televisor a ver videos musicales, tan importantes en aquel entonces. Que las bandas favoritas de uno salgan en la tele era algo casi celestial. Metallica, Red Hot Chili Peppers, Soundgarden, Pearl Jam, Stone Temple Pilots, Smashing Pumpkins, Nirvana, por nombrar solo algunos, eran los autores de los sonidos que nos enloquecían a los adolescentes de los 90.
Sin embargo, en medio de la marea de videos y canciones de los artistas en cuestión, se colaban otros que, casi como extraterrestres, llegaban de otras épocas en su respectiva nave espacial. Eran músicos que no tenían que ver con lo que estaba de moda. Eran más bien ese bicho raro que llamamos "la música de nuestros padres". Rolling Stones, Beatles, Hendrix, y un tal David Bowie.
"Ese man es como bueno", pensaba sobre Bowie. Había algo muy cautivante en su arte, que - a pesar de no ser de mi generación- llamaba mucho la atención. Para mí, y seguro para muchos otros, era un viejito cuarentón que estaba quemando sus últimos cartuchos musicales antes de retirarse a su ancianato. Al verme de cierta forma obligado por MTV a consumir su música, empezó a interesarme algo más. No sabía por qué me gustaba lo que hacía, que sonaba tan diferente a "lo mío", hasta que un día di con la razón: el tipo era un genio visionario que se estaba adaptando perfectamente a los tiempos sonoros en los que vivíamos.
A mediados de los 90, el rock duro y alternativo estaba comenzando a ceder su trono a otras tendencias como el nü metal y el rock/metal industrial, que no es otra cosa que la incorporación de elementos de música electrónica a la música. Bandas como Ministry, Marilyn Manson, White Zombie y Nine Inch Nails comenzaban a desfilar por la escena como los grandes abanderados de esta causa. Bowie lanzó dos discos que sonaban como estos grupos: Outside (1995) y Earthling (1997). Me encantaba como un "viejito" podía sonar tan actual y codearse con los jóvenes de la época con tanta gracia y sutileza. Es más, esos jóvenes morían por trabajar con él. Trent Reznor y su Nine Inch Nails llegaron a hacerlo en la canción I'm Afraid of Americans.
Ayer, 10 de enero, cuando se cumplía el aniversario seis de su temprana partida, me puse en la tarea -como lo hago cada año- de rendirle homenaje musical oyendo su música. Tarea muy difícil, por cierto, pues el Camaleón del Rock, como el apodo lo indica, tiene mil encarnaciones sónicas diferentes y -por ende- muchísima música por consumir. Escuché alrededor de 40 canciones, y siento que no fue suficiente tributo. Perdón, señor Bowie, su talento era infinitamente más grande que el tiempo que se puede tener para disfrutarlo. El siguiente año trataré de hacerlo mejor.
Cada año el Rock and Roll Hall of Fame revela su lista de candidatos para ingresar a su honorífico salón de la fama. Los miembros de un comité de supuestamente expertos eligen un puñado de afortunados, basándose en su conocimiento, algunos factores de los nominados como el tiempo desde que lanzaron su primera producción (deben haber pasado mínimo 25 años) y -en un porcentaje menor- los votos de los fans. ¿El problema? Año tras año meten la pata y escogen a artistas no muy merecedores por encima de otros que cumplen con todos los requisitos.
Este año, por ejemplo, Judas Priest fue mirado por encima del hombro una vez más, pero artistas súper rock como Whitney Houston y Notorious B.I.G están adentro. ¿mi problema? Muchos de los artistas que ingresan al Hall no son rock. Nada en contra de ellos ni en contra de su legado e influencia en sus propios géneros. Si quieren homenajear a estos músicos, está bien, pero ¿qué tal si cambian el nombre de la institución a algo como Music Hall of Fame? Así nos evitan la pataleta anual y ustedes se evitan quedar como ignorantes. Le están haciendo competencia a Billboard en materia de despiste.
Por años esta institución se ha caracterizado por mirar hacia otro lado cuando se trata de dar inducción a grupos cuyo aporte al rock es innegable. Black Sabbath, Kiss y Deep Purple tuvieron que esperar años antes de ser por lo menos considerados. Mientras que otros, con menos trayectoria y que probablemente fueron influenciados por los artistas mencionados, eran bienvenidos con brazos abiertos. Green Day y Radiohead habrían podido esperar un tiempo.
Junto a Notorious B.I.G y Whitney Houston, este año ingresarán al Hall of Fame T. Rex, Nine Inch Nails y Depeche Mode. Todos merecedores, sobre todos los últimos, quienes pueden generar duda al no ser 100 % rock, pero que han sido una enorme influencia para músicos que ni siquiera suenan como ellos. Si no me creen revisen las cientos de versiones metal que tiene Enjoy the Silence. ¿Por qué Judas Priest parece no merecer estar? Estuvieron entre los 5 grupos más votados por los fans junto a Soundgarden, aún así prefirieron ignorar la voz del pueblo. Los Priest, palabras más, palabras menos, inventaron el metal junto a Black Sabbath. ¿Dónde quedan Iron Maiden y Motorhead? entre ambos salvaron al metal del dominio punk a finales de los 70 y comienzos de los 80. ¿Qué me dicen de Pixies? banda sin la cual Nirvana no habría encontrado su sonido. La lista de quejas y reclamos es interminable, tanto como la ceguera del Hall.
Como escribió John Lydon (Sex Pistols) en una carta a mano cuando el grupo fue inducido, : "el Hall of Fame es una mancha de orina".
Si usted -como yo- creció oyendo el rock del
primer lustro de los 90, o simplemente le gustan los sonidos de la época, este
especial de dos partes dedicado a los mejores discos lanzados en 1994 es para
usted.
Póngase su camisa de leñador a cuadros, los
jeans más rotos que tenga, y –advertencia incluida- prepárese para un viaje de
enorme nostalgia que lo hará sentir “relativamente veterano”.
¿No fueron los 90 increíbles?
Pd: El
orden de los discos es netamente aleatorio.
1. Green
Day- Dookie
La inspiración para el nombre del disco es
increíblemente desagradable, pues Dookie era como los integrantes del trio
estadounidense llamaban a los problemas estomacales que la comida podrida que
consumían por aquel entonces les causaban. Sin embargo, Dookie se convirtió en
uno de los álbumes insignia de los 90, gracias a éxitos como When I Come
Around, Basket Case y Longview. Hasta el día de hoy, el disco ha vendido más de
20 millones de copias a nivel mundial.
2. Alice
in Chains- Jar of Flies
Difícilmente encontrarán en la historia de la
música un EP tan exitoso como Jar of Flies. No en vano fue el primer EP en
debutar en el puesto número 1 del Billboard 200. Canciones como las lúgubres
Rotten Apples y Nutshell, la nostálgica Don´t Follow, la comercialmente exitosa
No Excuses, y la espeluzante y magistral instrumental Whale & Wasp, hacen
de Jar of Flies una de las grandes joyas del rock de los 90.
3. Meat
Puppets- Too High to Die
La banda liderada por los hermanos Kirkwood, una
de las favoritas de Kurt Cobain, lanzó el 25 de enero de 1994 el que es hasta
la fecha su disco más aclamado. Too High to Die –cuyo nombre es una mofa al
disco de los Ramones Too Tough to Die- alcanzó las primeros lugares en diversos
listados de rock en Estados Unidos, mucho tuvo que ver el enorme éxito del
sencillo Backwater.
4. Nine Inch Nails-
The Downward Spiral
Considerado por muchos como
el trabajo más sólido de la banda de Trent Reznor, su mezcla de heavy metal,
rock industrial y música electrónica lo llevaron al segundo lugar del Billboard
200 y a vender màs de cinco millones de copias alrededor del mundo. Impulsado
por el éxito de canciones como Hurt y la controversial y provocadora Closer,
The Downward Spiral fue uno de los álbumes que abrió el camino para la
experimentación electrónica que llegaría hacía finales de los 90.
5. Soundgarden-
Superunknown
Con canciones como Fell on Black Days, Spoonman y Black Hole Sun, Superunknown
fue el álbum que catapultó a Soundgarden de los terrenos underground del heavy metal y grunge hacia el mainstream. Prueba de ello son las 9 millones de copias vendidas
hasta hoy, así como los premios Grammy que ganó por Spoonman y Black Hole Sun,
la canción más exitosa del grupo de Seattle.
6. Pantera- Far
Beyond Driven
Sin duda alguna, uno de los discos clásicos del
cuarteto estadounidense. Canciones como 5 Minutes Alone, I´m Broken y Planet
Caravan –impecable cover de Black Sabbath- llevaron al séptimo disco del grupo
ha ser el primero de metal extremo en debutar en la posición número 1 del
Billboard 200. La voz de Philipp Anselmo y la guitarra de Dimebag Darrell,
llenan este disco de una potencia y brutalidad metalera digna de alabar.
7. Oasis- Definitely
Maybe
Para 1994, el rock británico estaba pasando por
uno de sus peores momentos. En muy buena parte por el boom de la escena grunge estadounidense y bandas como Nirvana y
Pearl Jam. Afortunadamente, la banda de los controversiales hermanos Gallagher
llegó para poner el rock inglés de
regreso en la cima. Publicaciones como Rolling Stone y NME le dieron críticas
muy favorables, con califiicaciones casi perfectas. El álbum debut de Oasis es
hoy uno de los discos esenciales de los 90.
8. The Offspring-
Smash
Con 20 millones de copias vendidas alrededor del
mundo, el tercer disco del grupo californiano es el álbum independiente mejor
vendido de la historia. Canciones como Self Esteem, Gotta Get Away y Come Out
and Play hacen de Smash –junto a Dookie (Green Day)- uno de los discos pioneros
del movimiento pop punk que se haría tan popular a finales de los 90.
9. Pink Floyd- The
Division Bell
A pesar de recibir críticas no muy positivas de
parte de la crítica especializada –en parte por la falta de cohesion del disco
y la ausencia de Roger Waters en este-, The Division Bell no carece de brillo.
Canciones como Marooned, Keep Talking y High Hopes, son joyas absolutas que
nada tienen que envidiarle a otras del repertorio del grupo británico. Este sería
el último disco lanzado por Pink Floyd.
10. Live- Throwing
Copper
A pesar de estar lejos de ser tan popular como
otros lanzamientos de la época, en mi opinión, es uno de los mejores y más
representativos discos de los 90. Canciones como Selling the Drama, Lightning Crashes,
I Alone y All Over You, son una clara muestra del poder vocal de Ed Kowalczyk y
parte fundamental de la banda sonora de los 90.